Señales en la Sagrada  Escritura

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Señales de la proximidad del día de Yahveh

Jesús, en su predicación, profetizó sobre esta etapa especial de la historia, diciendo que de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre (Mt. 24, 36). En el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre (Mt 24, 44). Con estas palabras, dejó claro que es una pérdida de tiempo elucubrar sobre fechas concretas en las que ocurrirán esos importantes sucesos. Sólo Dios Padre conoce cuándo sobrevendrán.  Los apóstoles le volvieron a preguntar antes de la Ascensión: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» El les contestó: A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad (Act. 1, 6-7). De este modo, quiso acabar con toda curiosidad y dejó sin exclusiva a cierta prensa de los siglos venideros.

Sin embargo, Jesús no dijo simultáneamente “afortunados los despreocupados”. Tampoco recomendó cambiar de tema o pasar la página, sino que a renglón seguido mandó estar atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento (Mc. 13,  32) Precisamente, la misma imposibilidad de conocer la fecha es la razón para vigilar, no para inhibirse o desentenderse.

 Por el humo se conoce donde está el fuego, dice el refrán español. Para vigilar es necesario conocer las señales que Dios mismo ha transmitido, indicadoras de esos momentos de la historia, y... abrir bien los ojos. De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas (Mt. 24, 32-33).

Jesús también llegó a tachar de hipócritas a los que no percibían las señales anunciadas sobre los tiempos de su primera venida al mundo: Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: "Va a llover", y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: "Viene bochorno", y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? (Lc. 12, 54-56)

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