El Apocalipsis termina con la narración del Día del Señor o
Domingo de la historia. El último día de la Creación es el día de
descanso del Señor y el Domingo es el día de victoria que va unido a la
Resurrección del Señor. De algún modo, el Día de Yahveh
es comparable al preámbulo doloroso de la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor, mientras que el Día del Señor es el gozo y la alegría posterior
de la Resurrección.
La situación de séptimo día, por semejanza con los siete días del proceso de la Creación y al igual de aquel día que bendijo Dios (...) y lo santificó (Gen. 2, 3),
sugiere que este periodo también será especialmente rico en gracias de
Dios. De hecho el capítulo 20 del Apocalipsis comienza por el encierro
de la Serpiente antigua - que es el Diablo y Satanás - y lo encadenó por mil años (Ap. 20, 2) y describe, la nueva Jerusalén, que baja del cielo, de junto a Dios (Ap.21,2) para sustituir al mundo viejo (que) ha pasado (Ap. 21, 4) y noche ya no habrá; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los alumbrará (Ap. 22, 5).
En
resumen, una situación radicalmente diferente de la etapa anterior del
mundo como hasta ahora lo hemos conocido y del propio Día de Yahveh. Que
el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la
florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos
de júbilo.(...) Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro
Dios (Is. 35, 1-2)
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Modificado el ( miércoles, 20 de septiembre de 2006 )
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