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 Cronología bíblica y posibles secuencias temporales deducidas del Apocalipsis

    Según una tradición fundada en las enseñanzas de algunos Padres de la Iglesia y no pocos místicos y santos, la historia del hombre sobre la tierra tendrá una duración de 7000 años aproximadamente. El fundamento de esta afirmación está en comparar la duración de la historia con la obra de la Creación, y unir la afirmación de que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día (II Pe. 3, 8). Los momentos actuales cumplirían 6000 años de tiempo desde Adán sobre la tierra.

 Esta interpretación apoya la distinción entre el proceso de hominización y el de humanización. El primero nada tendría que ver con la creación del hombre sino, en el mejor de los casos, con la preparación de su parte material, polvo del suelo (Gen 2, 7). El segundo proceso es el que narra la Biblia de creación del hombre con intervención directa de Dios que insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente (Gen 2, 7).

Las cronologías bíblicas más firmes también encajan con esta cuenta. Así, el año judío 5760 coincide con el 2000 de nuestra era cristiana. Hacia el año 1000 antes de Cristo se sitúa la construcción del templo de Salomón, hacia el 1500 la salida de Egipto, hacia el 2000 el nacimiento de Abraham, hacia el 2350 el diluvio y con anterioridad la época de los patriarcas hasta le creación de Adán unos 4000 años antes del nacimiento de Cristo.

En el pasado, cierta ciencia apriorística identificó  a Adán y Eva con los padres de unos feos homínidos, cuyos huesos fósiles databan millones de años. Esta asociación supone un salto mental que, cada día tiene menos apoyo científico y ninguno escriturístico. Emparejar la belleza de Adán y Eva, creación directa de Dios a su imagen y semejanza (Gen 1, 26), nunca encajó  bien con las hipótesis evolucionistas de pseudo monos encorvados. Tampoco engrana en esta teoría el hecho de que la sabiduría y ciencia de Adán, fuera capaz de poner nombre a todos los animales (Gen. 2, 19), y sólo fuera capaz de fabricar rudimentarios utensilios de piedra. En ocasiones, la ciencia ha sido utilizada como arma arrojadiza de un inculto sectarismo que desprecia a Dios como obstáculo para el progreso del conocimiento.

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